¿Se puede acortar una oración sin dañarla?
Sí y no, y la diferencia importa.
- Las oraciones que la Iglesia reza como cuerpo no se recortan. El Padre Nuestro te lo dio Jesús palabra por palabra. El Ave María es Escritura. El Credo es lo que la Iglesia confiesa junta, y quitarle una línea es quitarle una verdad. Esas se rezan enteras, o se reza una parte sabiendo que es una parte.
- Las oraciones compuestas por santos sí admiten una versión breve. Fueron escritas por una persona para ayudar a otra a hablar con Dios. Guardar el corazón y soltar el adorno no las rompe.
- Y existe una tercera vía que la Iglesia inventó justo para esto: las jaculatorias. Frases de una línea, hechas para repetirse. No son oraciones mutiladas — son un género completo y antiguo, y son lo que rezaban los monjes del desierto cuando ya no podían más.
Así que la regla honesta es esta: no recortes una oración fija; cambia a una oración corta. Dios no te está midiendo las palabras. «No creáis que por hablar mucho vais a ser escuchados» — Mateo 6, 7.
Si estás pensando en hacerte daño, esto no basta y no tiene que bastar.
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Bloque uno
Las de siempre
Las que se rezan enteras. Si hoy no puedes con toda, reza una parte y di que es una parte — eso es honesto, y Dios prefiere lo honesto.
Padre Nuestro
La oración que Jesús enseñó cuando le pidieron que enseñara a orar.
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.
Si no puedes con toda
Padre nuestro… hágase tu voluntad.
No es una versión corta: es quedarte en una línea y repetirla. Muchos santos rezaron el Padre Nuestro así, una frase por noche, cuando no daban para más. Lo que no se hace es reescribirlo — es la única oración que Cristo dictó él mismo.
Ave María
Cuando necesitas una madre y no un juez.
Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Si no puedes con toda
Santa María, Madre de Dios, ruega por mí.
La primera mitad es Escritura (el saludo del ángel y el de Isabel, Lucas 1). La segunda es la petición de la Iglesia. Rezar solo la segunda es pedir; no es mutilar.
Gloria al Padre
Para cerrar cualquier otra oración, o cuando solo quieres decir gracias.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ya es corta
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Diez segundos. Es la oración más breve que existe que ya está completa.
La Señal de la Cruz
Al empezar, al terminar, y cuando no sabes qué decir.
Por la señal de la santa cruz,
de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Si no puedes con toda
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Esa sola fórmula, con el gesto, ya es la señal de la cruz completa. Lo primero es un añadido devocional español.
Credo de los Apóstoles
Cuando no sientes la fe. Se reza justamente ahí: no dice «siento», dice «creo».
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
Si no puedes con toda
Creo, Señor; pero aumenta mi fe.
Esto no es un Credo abreviado — es otra oración, y está en el Evangelio: «Creo, ayuda mi incredulidad» (Marcos 9, 24). El Credo no se recorta porque cada línea es una verdad distinta; pero nadie te obliga a rezarlo el día que no puedes.
La Salve
Cuando la vida se siente como un destierro. La oración lo dice con esa palabra.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.
Si no puedes con toda
Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Es una oración medieval, no litúrgica en su origen; quedarte en la línea que te toca es un uso legítimo y antiguo.
Acto de Contrición
Antes de confesarte, o cuando el peso no te deja dormir.
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío:
por ser tú quien eres, Bondad infinita,
y porque te amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberte ofendido.
También me pesa que puedas castigarme
con las penas del infierno.
Ayudado de tu divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia
que me fuere impuesta. Amén.
Versión corta
Dios mío, me pesa de todo corazón haberte ofendido, porque te amo sobre todas las cosas. Ayúdame a no ofenderte más.
Esta sí es una oración compuesta y admite versión breve; lo esencial es el dolor de haber ofendido y el propósito de no repetirlo. La Iglesia acepta un acto de contrición en tus propias palabras.
Ángel de la Guarda
Al acostarte. La primera oración que muchos aprendimos, y sigue sirviendo de adulto.
Ángel de la guarda, dulce compañía,
no me desampares ni de noche ni de día.
No me dejes solo, que me perdería. Amén.
Ya es corta
Ángel de la guarda, no me dejes solo.
Oración a San Miguel Arcángel
Cuando algo se siente más grande que tú. La escribió León XIII en 1886.
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la lucha.
Sé nuestro amparo contra la perversidad
y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú, Príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas. Amén.
Versión corta
San Miguel Arcángel, defiéndeme en la lucha. Sé mi amparo.
Es una oración compuesta por un Papa para uso devocional, no un texto litúrgico fijo. La versión breve conserva la petición entera.
Ven, Espíritu Santo
Antes de decidir algo. Antes de una conversación difícil. Antes de rezar.
Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía, Señor, tu Espíritu, y todo será creado,
y renovarás la faz de la tierra. Amén.
Ya es corta
Ven, Espíritu Santo.
Tres palabras. Es una de las jaculatorias más antiguas de la Iglesia.
Bajo tu amparo
La oración mariana más antigua que se conserva — hay un papiro egipcio del siglo III con este texto.
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita! Amén.
Ya es corta
Bajo tu amparo me acojo, santa Madre de Dios.
Alma de Cristo
Después de comulgar. San Ignacio la puso al principio de los Ejercicios Espirituales.
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del enemigo maligno, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.
Versión corta
Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de ti.
Es un himno medieval anónimo, no un texto fijo. Los dos versos del centro son los que casi todo el mundo se queda rezando.
El Acordaos (Memorare)
Cuando ya pediste y sientes que nadie contestó.
Acordaos, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a tu protección,
implorando tu asistencia y reclamando tu socorro,
haya sido abandonado de ti.
Animado con esta confianza, a ti acudo,
Madre, Virgen de las vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!,
no desechéis mis súplicas;
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Versión corta
Acordaos, Virgen María: nunca se ha oído decir que hayas abandonado a quien acude a ti. A ti acudo.
Oración atribuida a San Bernardo, devocional. La versión breve guarda el argumento entero: tu historial, Madre, es que no fallas.
Oración de la Serenidad
Cuando estás peleando con algo que no depende de ti. La escribió Reinhold Niebuhr; los grupos de recuperación la hicieron famosa.
Dios, concédeme serenidad
para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las que sí puedo,
y sabiduría para reconocer la diferencia. Amén.
Ya es corta
Dios, dame serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar.
Eterno descanso
Por alguien que se fue. Se puede rezar todos los días, y muchos lo hacen.
Dale, Señor, el descanso eterno,
y brille para él (ella) la luz perpetua.
Descanse en paz. Amén.
Ya es corta
Dale, Señor, el descanso eterno.
Bloque dos
Para lo que estás pasando
Estas las escribimos aquí, para este sitio. No se las atribuimos a ningún santo — son palabras nuestras puestas a tu disposición, con Escritura debajo. Úsalas, cámbialas, o quédate solo con la línea que te sirva.
Oración para la ansiedad
Cuando el pecho va más rápido que la vida.
Señor, mi cuerpo está en alarma
y no encuentro el peligro.
Tú sabes que no lo escogí,
y sabes que no es falta de fe.
Quédate conmigo dentro del ruido.
No te pido que me quites la alarma ahora mismo;
te pido que no me sueltes mientras baja.
Tú estuviste en Getsemaní, y sudaste sangre.
Sabes lo que es esto por dentro. Amén.
Versión corta
Señor, quédate conmigo mientras baja.
«Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él cuida de vosotros» — 1 Pedro 5, 7.
Oración en un ataque de pánico
Ahora mismo. Léela despacio, una línea por respiración.
Jesús, estoy aquí.
Esto pasa. Esto siempre pasa.
No me estoy muriendo; estoy asustado.
Tú estás aquí, y yo estoy aquí.
Jesús. Jesús. Jesús. Amén.
Versión corta
Jesús, ten piedad de mí. (Y otra vez. Y otra vez.)
La repetición no es magia: es lo que hace la oración del corazón desde hace mil quinientos años, y de paso le da al cuerpo un ritmo al que agarrarse.
Oración para cuando no puedes dormir
Las tres de la mañana. Ese lugar.
Señor, ya intenté todo
y sigo despierto.
Tú velas cuando yo no puedo.
Te entrego esta noche entera,
las horas que quedan y lo que voy a poder mañana.
Que mi cuerpo descanse aunque mi cabeza no quiera.
Y si no duermo, que no esté solo. Amén.
Versión corta
Señor, vela tú, que yo ya no puedo.
«En paz me acuesto y en seguida me duermo, pues tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo» — Salmo 4, 9.
Oración en la depresión
Cuando no es tristeza: es que no hay nada.
Dios mío, hoy no siento nada,
y no sé si eso te ofende.
No puedo prometerte fervor.
Puedo prometerte que estoy aquí,
diciendo tu nombre sin sentirlo.
Que eso cuente.
Y dame fuerzas para pedir la ayuda que necesito,
porque buscarla no es rendirme:
es cuidar la vida que tú me diste. Amén.
Versión corta
Estoy aquí, Señor. Que eso cuente.
La depresión es una enfermedad y tiene tratamiento. Esta oración no lo reemplaza — te acompaña mientras lo buscas.
Oración cuando sientes que Dios se calló
La sequedad. Lo que San Juan de la Cruz llamó la noche oscura.
Señor, no te siento,
y ya no sé si es culpa mía.
Oro y parece que hablo con una pared.
Pero Tú mismo gritaste desde la cruz
«¿por qué me has abandonado?»,
y el Padre no te había abandonado.
Si el Hijo de Dios pudo sentirse solo,
mi vacío no es la prueba de que te fuiste.
Quédate en el silencio.
Yo me quedo también. Amén.
Versión corta
No te siento, Señor, y me quedo igual.
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» — Mateo 27, 46.
Oración para la culpa que no se va
Cuando ya te confesaste y sigues cargándolo.
Señor, ya te lo dije y ya me perdonaste,
y sigo pagando una deuda que Tú cancelaste.
Enséñame a distinguir
la voz que me corrige de la voz que me destruye.
La tuya me llama por mi nombre.
La otra solo repite lo mismo.
No quiero seguir crucificándome
en la cruz de la que Tú ya bajaste. Amén.
Versión corta
Ya me perdonaste, Señor. Enséñame a creerlo.
«Ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús» — Romanos 8, 1.
Oración del que no puede orar
Cuando abres la boca y no sale nada.
Señor, no me salen las palabras.
San Pablo dijo que cuando no sabemos pedir,
tu Espíritu pide dentro de nosotros
con gemidos que no se pueden decir.
Pues eso. Que pida él.
Yo pongo el cuerpo y el silencio. Amén.
Versión corta
Espíritu Santo, pide tú por mí.
«El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, pues no sabemos pedir como conviene» — Romanos 8, 26.
Oración por alguien que está en la oscuridad
Un hijo, una pareja, un amigo que no está bien y no te deja entrar.
Señor, yo no puedo entrar donde está.
Tú sí.
Cuídalo esta noche.
Ponle una persona en el camino
a la que sí le pueda decir la verdad.
Y a mí dame paciencia para quedarme
sin exigirle que mejore a mi ritmo.
Que no confunda mi cansancio con su culpa. Amén.
Versión corta
Señor, entra tú donde yo no puedo.
Oración antes de una cita con el psicólogo o el psiquiatra
En la sala de espera.
Señor, gracias porque también aquí estás.
Tú curaste con barro y con saliva;
no despreciaste los medios.
Dale claridad a quien me va a escuchar
y honestidad a mí para decir la verdad completa.
Que este rato sirva.
Y quítame la vergüenza:
venir aquí no me hace menos creyente. Amén.
Versión corta
Señor, que este rato sirva. Dame honestidad para decirlo todo.
Oración en el duelo
Cuando falta alguien y todo lo demás sigue igual, y eso ofende.
Señor, se fue,
y el mundo tuvo el descaro de seguir.
No te voy a decir que lo entiendo.
Te voy a decir que confío,
que es distinto y me cuesta más.
Guárdalo en tu misericordia.
Y a mí no me apures el luto:
Tú también lloraste ante una tumba. Amén.
Versión corta
Guárdalo, Señor. Y a mí no me apures.
«Jesús se echó a llorar» — Juan 11, 35. Es el versículo más corto del Evangelio, y está en un funeral.
Oración para el miedo
Cuando lo que viene te está pesando más que lo que hay.
Señor, tengo miedo,
y no de algo concreto que pueda resolver.
No te pido que me lo quites de golpe.
Te pido que camines dentro de él conmigo,
y que si mañana llega lo que temo,
llegues Tú primero. Amén.
Versión corta
Señor, si llega, llega Tú primero.
«No temas, que yo estoy contigo» — Isaías 41, 10.
Oración para soltar el control
Cuando llevas horas dándole vueltas a algo que no está en tus manos.
Señor, llevo todo el día
arreglando en mi cabeza algo que no depende de mí.
Te lo entrego —
y sé que en diez minutos lo voy a recoger otra vez.
Está bien. Te lo entrego otra vez.
Y otra. Tantas veces como haga falta. Amén.
Versión corta
Te lo entrego otra vez, Señor.
Oración del cansancio
No el sueño: el otro cansancio.
Señor, estoy cansado
de una manera que dormir no arregla.
Tú dijiste: venid a mí los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré.
Vengo. No traigo nada más.
Aquí me quedo un rato, callado. Amén.
Versión corta
Vengo, Señor. No traigo nada más.
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» — Mateo 11, 28.
Oración de la mañana cuando no quieres levantarte
Antes de mirar el teléfono.
Señor, hoy no tengo ganas.
Te ofrezco eso mismo: el día sin ganas.
No te prometo hacerlo bien.
Te prometo empezarlo contigo.
Ayúdame con lo primero.
Después vemos lo segundo. Amén.
Versión corta
Señor, ayúdame con lo primero.
Bloque tres
Jaculatorias
Una línea. Para repetir mientras caminas, mientras esperas, mientras respiras. No son oraciones recortadas: son un género entero de la tradición, hecho justo para los días en que no da para más.
«Jesús, en ti confío»
La de la Divina Misericordia. Cinco palabras y un acto de fe completo.
Jesús, en ti confío.
La oración del corazón
De los monjes del desierto. Se reza con la respiración: la primera mitad al inhalar, la segunda al exhalar.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
ten piedad de mí, que soy pecador.
Más corta todavía
Jesús, ten piedad.
Es la que usa la herramienta de respiración 4-4 de la app.
«Dios mío, ven en mi auxilio»
Con la que la Iglesia abre cada hora de la Liturgia. Sirve para abrir cualquier cosa.
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
«Hágase tu voluntad»
Cuando ya pediste y la respuesta no vino como querías.
Hágase tu voluntad, no la mía.
«Todo lo puedo en Aquel que me fortalece»
Filipenses 4, 13. Ojo: no dice que puedas todo tú. Dice en Aquel.
Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.
«Jesús, María y José»
La jaculatoria de la buena muerte, y también la de los sustos.
Jesús, María y José,
os doy el corazón y el alma mía.
«Creo, ayuda mi incredulidad»
Marcos 9, 24. La dijo un padre desesperado, y Jesús lo curó igual.
Creo, Señor; ayuda mi incredulidad.
«María, ruega por mí»
Cuando no quieres hablar tú.
Santa María, Madre de Dios, ruega por mí.
«Gracias, Señor»
Dos palabras. Es oración completa, y es la que menos se reza.
Gracias, Señor.
«Habla, Señor, que tu siervo escucha»
1 Samuel 3, 10. Para empezar un rato de silencio.
Habla, Señor, que tu siervo escucha.